Beyond the Glass Ceiling

Isabelle Vivienne

El arte de transformar la rabia y la impotencia en energía concreta para conquistar tu propio espacio, a base de competencia, precisión y visión inclusiva.

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Cuando, en la práctica, descubres que eres fuerte en ámbitos habitualmente dominados por los hombres, sientes como si toda la sociedad te hubiera mentido siempre. Mi mensaje es para todas las chicas que se sienten perdidas, suspendidas entre dos mundos: la brújula que necesitáis es vuestro instinto. Rechazad los prejuicios, estableced vuestros límites y ocupad el lugar y el trabajo que soñáis.

Isabelle Vivianne

Carpintera influencer con más seguidores de la región DACH, Isabelle habla de su profesión con autenticidad, alternando zapatos de trabajo con tacones de aguja, guiada por el lema «Eres ambas» (Sei Beides).

Tras la escuela secundaria, rompe con las expectativas sociales y familiares y elige la carpintería. Para mantenerse fiel a su pasión, emprende un camino complicado, marcado por entornos hostiles, sexismo y masculinidad tóxica. Reconocida por sus habilidades técnicas, experimenta también con el diseño de interiores de alto perfil, pero decide volver a la artesanía para mantener una conexión concreta con la materia. Durante la pandemia, en respuesta al vacío derivado de la paralización de las exposiciones tradicionales, lanza el Youthcrafts Festival, una iniciativa digital creada para dar visibilidad a jóvenes artesanos y a sus creaciones. Este proyecto marca el inicio de su ascenso mediático y la reafirmación de su profesionalidad. La comunidad de Isabelle cuenta ahora con más de 100 000 seguidores en Alemania, Austria y Suiza, y se ha convertido en un bastión contra las críticas sexistas y en un lugar de inspiración para las mujeres que emprenden profesiones artesanales. En el centro de su labor divulgativa son fundamentales temas como la brecha de género, la mentoría femenina y la formación inclusiva.

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Isabelle Vivianne para Yalea Eyewear

Con esta campaña, Yalea apuesta por la afirmación de la feminidad en el ámbito profesional, una visión clara en la que forma y sustancia coexisten e inspiran nuevas visiones. Una colección que invita a romper barreras y mirar más allá.

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«Cuando pienso en mi aprendizaje y en mis primeros años de trabajo, la palabra que más me viene a la mente es humillación. Nunca tuve miedo al fracaso técnico; mi miedo era no poder alcanzar mi objetivo porque alguien, desde fuera, decidiera impedírmelo. Lo más duro es el sentimiento de impotencia, de no tener control sobre tus decisiones, sobre tu camino de vida. Cada día tenía que demostrar que merecía el puesto que ocupaba, aunque tuviera, como mínimo, las mismas habilidades y la misma pasión que mis colegas hombres. Era devastador: no era el trabajo en sí, sino el clima tóxico que me rodeaba, lleno de comentarios sexistas y jerarquías rígidas. Lloraba casi todos los días, pero nunca dejé de creer que la madera, el diseño y la artesanía fueran mi camino. Encontrarme a diario con ese circuito cerrado, que parecía intocable, me hería, pero sobre todo me enfurecía. Me enfadaba muy a menudo, muchísimas veces. Estaba cargada de sensaciones horribles, pero no permití que me llevaran a implosionar: no fue fácil, pero encontré la manera de convertirlas en mi motor impulsor.

El éxito de la pieza que creé para mi examen final del aprendizaje, el desafío que superé en directo al construir una Savonarola impecable, la invitación como ponente de uno de los gremios más influyentes de Alemania: cada uno de estos logros los construí y consolidé pasando por días, semanas y años de rabia y frustración transformadas en precisión técnica, visión de proyecto y convicción implacable de tener derecho a cumplir mi sueño. También es normal experimentar sentimientos negativos, lo que siempre debemos recordar es la felicidad que sentimos al hacer lo que amamos y mantener nuestro corazón anclado a ella. Aceptamos los sentimientos negativos, pero no permitimos que sustituyan nuestra naturaleza. No estamos equivocadas por sentirlos, pero somos mejores que eso. Y lo demostramos con los resultados. Debemos defendernos, pero sin permitir que nos corrompan ni que dobleguen nuestra feminidad para intentar complacer a los demás».

Un bastión para nuevos lenguajes: cuando la comunidad no es autocelebración

Sin renunciar ni un ápice a su feminidad ni a su experiencia, para Isabelle ser la carpintera influencer con más seguidores en la región DACH es un éxito, no porque la haya hecho famosa, sino por el poder transformador que su visibilidad tiene cada día en la vida real de muchas personas: «Mi mayor orgullo es haber inspirado y creado una comunidad que no solo valora mi trabajo, sino que, si ahora alguien intenta sexualizarme o acosarme, interviene y lo pone en su sitio. No es una cuestión de ego: significa que mi historia está generando un cambio de mentalidad y creando espacio para otras mujeres que quieren dedicarse a este trabajo. Hay más espacio para sentirse seguras al compartir experiencias y aspiraciones, y es un logro ver también muchas voces masculinas intervenir para ofrecer su apoyo».

Durante nuestro encuentro nos dijiste algo muy poderoso: «Cuando descubres que eres fuerte en campos habitualmente dominados por los hombres, sientes como si toda la sociedad te hubiera mentido siempre». Cuéntanos más sobre lo que quieres decir con esto.

«Sí, romper el techo de cristal fue también, en parte, comprender esto: por un lado, la alegría, el orgullo y la liberación de haberlo logrado; por otro, la amargura de mirar ese premio, ese lugar de honor, y preguntarse: ¿por qué nos criáis diciéndonos que hay trabajos o entornos que no son para las mujeres? ¿Existen realmente ámbitos en los que una mujer no pueda tener las habilidades adecuadas ni la fuerza para tener éxito? Lo más perverso del legado sexista que divide las aspiraciones por género es que, cuando como mujer te interesa un sector tradicionalmente masculino, corres el riesgo de acabar creyendo tú también en los prejuicios. Te sientes en la obligación de demostrar tu valía, algo que los hombres no tienen que hacer, porque viven el acceso a las oportunidades como algo natural, incluso cuando carecen completamente de talento. A veces te das cuenta de que no solo has tenido que convencer a los demás de tu derecho a estar donde querías estar, sino también a ti misma. Porque el prejuicio es tan sistémico que lo interiorizamos a medida que crecemos, sin siquiera ser conscientes de ello. Al principio te impulsa tu sueño, tu aspiración, y no te cuestionas nada.

Luego llegan los obstáculos injustificados y las dificultades y, muchas veces, incluso las personas más cercanas a ti acaban diciéndote que lo dejes estar. Pero si no te rindes, llega un momento en que te das cuenta de que lo estás haciendo, y además muy bien, a menudo mejor que otros. Incluso llega un premio, y es entonces cuando te preguntas: “Entonces, ¿por qué tuve que pasar por todo esto? ¿Por qué durante años me habéis dicho que ese no era ni mi lugar ni mi trabajo? ¿Que nunca tendría la fuerza, el talento y la visión necesarios?”. Cuánto sufrimiento e injusticia se evitarían si, antes de poner obstáculos, se hiciera un examen objetivo de los hechos. Cuántos otros talentos tendrían voz si no fuera por esta mentalidad que se obstina en dividir las aspiraciones según parámetros que no tienen relación alguna con el mérito ni con el talento. En esto, el status quo nos miente y nos ha mentido durante demasiado tiempo, y el daño que causa no es solo algo personal del individuo, sino que priva a toda una comunidad de muchos, muchísimos talentos, por razones equivocadas».

Hoy, tu comunidad no solo te valora por lo que haces, sino que se ha convertido en una red proactiva que lucha contra la brecha de género y promueve actitudes inclusivas. Pero más allá de este circuito, ¿qué queda aún por hacer para promover una verdadera igualdad y políticas de acceso y presencia laboral más justas para todos?

«Mi comunidad es extraordinaria: no solo por el apoyo que me brinda, sino sobre todo porque hoy, ante una conducta irrespetuosa hacia mí o hacia otra persona, interviene activamente, rompiendo la indiferencia o el silencio. Esto significa que miles de personas están abrazando una nueva mentalidad. Estoy muy orgullosa de ello, pero aún queda mucho por hacer, porque la verdadera igualdad no se consigue con iniciativas individuales, sino con políticas estructurales concretas. Y no es solo una cuestión de género: hablo como mujer y soy un testimonio visible de las dificultades que las mujeres pueden encontrar en su camino, pero no es solo una cuestión de mujeres. Muchos hombres también sufren en un sistema excesivamente rígido y vertical; se necesita más flexibilidad y más escucha para todos. Volviendo a la brecha de género, un primer paso fundamental es crear espacios de formación libres de estereotipos, donde una chica que elige la artesanía no sea vista como una excepción, sino como una profesional al mismo nivel que los demás. Es necesario que las instituciones y los gremios de todos los ámbitos reconozcan el valor de las mujeres y les den voz en los lugares de toma de decisiones.

Luego está el tema cultural: desmontar prejuicios arraigados, mostrar ejemplos concretos, compartir y dar visibilidad a historias de éxito inspiradoras. Mi experiencia demuestra que la visibilidad es clave: cuando la gente ve que una mujer puede ser una artesana excepcional o poner en marcha iniciativas nacionales, entonces empieza a entender que es posible. Pero todavía queda un largo camino por recorrer: se necesitan reglas de acceso más justas, sistemas de apoyo sólidos y una cultura que ya no considere extraño lo que, simplemente, solo sigue siendo poco frecuente. Mientras tanto, quiero dejar un mensaje para todas las niñas, todas las jóvenes y también para todas las mujeres que todavía no se siente en su lugar: sé que a veces te parece que no sabes quién eres, porque estás suspendida entre el mundo que deseas y cómo el mundo quiere que seas. Pero la brújula que necesitas es tu instinto, sigue lo que sientes en tu interior y siempre sabrás quién eres. El único éxito que importa es poder hacer lo que amas».

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